Este volumen es resultado de una línea de trabajo iniciada hace años por el grupo de investigación Historia del Arte, de la Arquitectura y del Urbanismo de la Universidade de Santiago (HAAYDU, GI-1510), que en esta ocasión contó con financiación de la Agencia Estatal de Investigación al amparo del proyecto “Memoria del patrimonio arquitectónico desaparecido en Galicia. El siglo XX” (AEI/10.13039/501100011033 y PID2019-105009GB-100).
El objetivo de esta publicación, como el de la precedente -un primer libro bajo el título “Arquitecturas desvanecidas. Memoria gráfica del patrimonio desaparecido en Galicia” (Madrid, Abada, 2019)1
Se presentan así un total de 57 edificios o conjuntos arquitectónicos de diversas tipologías distribuidos por toda la geografía gallega y estudiados en su mayoría monográficamente por un amplio equipo de trabajo con solventes especialistas historiadores del arte y arquitectos. La conveniente decisión de ordenar los bienes según su fecha de desaparición o alteración grave ayuda a vislumbrar el proceso de destrucción patrimonial del período en Galicia con una mera ojeada al sumario. A la vez, es destacable que, a diferencia del volumen que surgió del primer proyecto sobre “arquitecturas desaparecidas”, en este no existe gran variedad de épocas o estilos, sino que los ejemplos tratados fueron construidos en su mayoría entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Más allá de las razones aducidas por los editores -que reflexionan en la introducción sobre cómo el desarrollo económico de la segunda mitad del siglo XX contribuyó a barrer buena parte de las nuevas arquitecturas y tipologías aparecidas con la modernización de las décadas finales del XIX e iniciales del XX, así como sobre la carencia de mecanismos de tutela para el patrimonio más reciente-, esta concentración de destrucciones en edificios levantados en ese período hace pensar, por un lado, en que un número importante de arquitecturas anteriores quizás había desaparecido ya antes de 1936 y, por otro, en que durante los años estudiados pudo haber un especial desdén por la arquitectura contemporánea. En todo caso parece que la insensibilidad a los valores patrimoniales que este libro intenta recuperar fue en muchos casos la aliada perfecta para la especulación o un mal entendido anhelo de modernidad.
A nivel metodológico, junto con fuentes escritas, la abundante documentación gráfica manejada -en su mayoría planos y fotografías- fue quizás la que arrojó mayor cantidad de datos útiles para las investigaciones volcadas en este libro. En especial para las interesantes reconstrucciones virtuales creadas ad hoc en varios casos por Carlos Paz de Lorenzo, diseñador gráfico y miembro fundador del Centro Infográfico Avanzado de Galicia (CIAG). El rigor y alto nivel de detalle de estas restituciones, fruto de la estrecha colaboración entre los correspondientes investigadores y el diseñador, constituyen un material valiosísimo para la comprensión de las características y del entorno de este patrimonio. Recreaciones a las que se une la realizada por el arquitecto Álvaro Bonet en el capítulo que él mismo dedica a las escuelas de la fundación Fernández Areal de O Porriño.
También cabe destacar que por la proximidad temporal de muchos casos analizados, en algunos se echó mano de testimonios orales que, además de matices difíciles de encontrar en registros escritos o gráficos, dotan de un cariz sentimental la recuperación de la memoria de muchos de estos edificios, pues lejos de restar objetividad al enfoque científico del texto traslucen intrahistorias y dimensionan la proyección social de este patrimonio. Y es que además de su utilidad práctica, bastantes de estas arquitecturas desempeñaron con dignidad funciones de representación y dejaron huella en las vidas de muchas personas. Algo que queda claro desde el propio título, encabezado con la atinada expresión de “arquitecturas añoradas”.
Aunque con antecedentes en libros como los de Xosé Enrique Acuña y José Luis Cabo (Imaxes do patrimonio arquitectónico desaparecido, 1992), Ramón Iglesias Veiga (Vigo, la ciudad que se perdió, 1991) o -para una visión de conjunto del caso español- el clásico de Fernando Chueca La destrucción del legado urbanístico español (1977), esta obra -igual que su predecesora del mismo grupo de investigación- resulta muy necesaria, pues viene a cubrir un vacío historiográfico insoslayable para ampliar nuestro conocimiento de edificios que con frecuencia seguíamos recordando, pero con una imagen desdibujada y poco rigurosa.
El libro, además, supera con creces los retos que supone la coordinación de tantos autores, pues cuenta con una presentación de conjunto coherente y con una cuidada homogeneidad que, sin duda, es mérito tanto de sus editores -Jesús Ángel Sánchez García, Julio Vázquez Castro y Alfredo Vigo Trasancos- como de su coordinador, Juan David Díaz López. Así mismo, viene acompañado de un importante aparato gráfico y de una bibliografía final que, quizás, podría complementarse con un apartado que recopilase todas las fuentes empleadas, si bien esto podría incrementar demasiado el tamaño de la publicación. Más fácil de implementar sería la inclusión de las cronologías constructivas de cada edificio o edificios en los títulos de sus capítulos, dato que, acompañando la fecha de su destrucción, a nuestro entender resultaría de gran interés.
Como subrayan los propios autores, contra estas dinámicas de destrucción apoyadas por gobernantes, promotores o arquitectos y a veces materializadas en operaciones tan insensatas como la del aún hoy llorado edificio Castromil en Santiago de Compostela, se alzaron voces valientes que merecen el reconocimiento que al fin reciben en estas páginas. No podemos, sin embargo, dejar que la protección de patrimonio con un altísimo valor arquitectónico, histórico e incluso sentimental, con los incalculables beneficios socioeconómicos que esto reporta, quede únicamente en manos de la buena voluntad de los poderes de turno. Debemos aprender la lección expuesta en este libro, adelantarnos al desastre y articular los recursos necesarios para poner en valor y proteger aquello que tanto nos dolería perder.